La única clave para alcanzar tus metas, no busques más

La única clave para alcanzar tus metas, no busques más

El año pasado hice lo que hacen todos:

  • Me puse metas ambiciosas, de esas que te “empujan” a crecer.
  • Me puse objetivos semanales, para poder trackear mi progreso.
  • Anoté mis hábitos que quería desarrollar este año, porque leí un artículo que las metas no sirven, sirve convertirlas en hábitos

Entonces hice lo que hacemos todos:

Recurrí a mi fuerza de voluntad para poder alcanzar mis metas

Porque ¿Es eso no? Hay que tener disciplina, la disciplina es la diferencia entre alguien que logra sus objetivos y los débiles que no lo hacen.

Entre esas metas que me puse estaban:

  • Dejar mi trabajo en relación de dependencia para ganar el doble con un emprendimiento independiente y con eso mejorar mi estilo de vida (más viajes, más salidas, tecnología y disfrute).
  • Bajar de peso, estaba en 88kg. y quería bajar hasta los 83kg.
  • Quería despertarme todos los días inspirado y entusiasmado.Entre otras cosas…

Y allá fuí a ponerle garra, actitud y disciplina a mis metas:

  • Comer más sano.
  • Hacer ejercicio tres veces por semana.
  • Planificar y ejecutar tareas, sobre todo las más incómodas y las de mayor impacto.
  • Leer más.
  • Dejar de perder el tiempo en redes sociales.

No entendí exactamente cómo pasó pero a mitad de año me di cuenta de que ya no iba a llegar con ninguno de estos objetivos, algunos de ellos permanecen hace años entre mis metas de fin de año.

Pero esta vez fue peor. Incluso empeoré en esas áreas que decía querer mejorar, así que ni siquiera me quedé en el mismo lugar sino que retrocedí.

Finales de 2018 me encontró finalmente:

  • En mi trabajo en relación de dependencia otro año más, ganando aún menos por motivos de devaluación de la moneda en Argentina más la inflación. Es decir no sólo no me pude permitir más cosas sino que al final del año me podía permitir menos cosas que a principio del año.
  • En mi visita al médico a fin de año la balanza marcó 104kg. que significó un record para mi peso histórico, pero además con pésima alimentación, algunos problemas de salud como presión alta por primera vez y un nivel de estrés preocupante.
  • El final del año fue una mezcla de cosas feas que nos pasaron como familia y el enorme estrés generado por mi ansiedad de ver que el año se apagaba, no lograba avanzar con mis proyectos, y ver como no cumplía con mis propias expectativas. 3 emprendimientos en un año se fueron por la canaleta algunos, incluso, no llegaron a ver la luz pero se llevaron meses de trabajo.

Y de los hábitos “ganadores” que me había propuesto, no había cumplido uno solo. Ni siquiera lograba despertarme temprano siquiera para trabajar en mis proyectos. Y cada día que pasaba estaba sumido en una profunda depresión por estar en el mismo lugar lo que empeoraba con el tiempo como un círculo vicioso.

Hasta que el fin de año llegó. 2019 estaba a pocos pasos. La sensación era clara: 2018 fue uno de los peores años de mi vida.

Todas estas cosas hicieron que me replanteara muchas de las cosas que estaba haciendo. Es increíble como “las malas” nos dan una enorme oportunidad de reflexión y decidí aprovecharla.

¿Qué había pasado? ¿Qué hice mal? ¿Qué era todo esto?

Fue en esa reflexión (cuaderno y birome de por medio) que, una por una, empezaron a caer, como si fuesen fichas de domino, las lecciones con las que decidí encarar este nuevo año. Y en este post quiero compartir una (1) de esas lecciones con vos.

Dejame contarte algo primero

Hace unos años sentí que tuve mi época dorada donde logré cosas que casi se podían calificar como imposibles.

En este post podés leer una de ellas.

“Cómo se siente cumplir un sueño imposible”

Recuerdo que después de haber realizado tantos cambios enormes en mi vida estaba entusiasmado por ver hasta donde podía llegar, porque sentía que había derribado las barreras mentales de lo que era posible y lo que no era posible y, que la había superado la parte más difícil. Empecé a ver el futuro como algo brillante que me esperaba con grandes cosas, cosas que quizás nunca había imaginado.

Pero el 2018 fue muy distinto a como creía que iba a ser para mí, basándome en estas experiencias del pasado.

Algo había pasado en el camino que rompió la magia y no sabía qué era. Empecé a hacerme una pregunta que también me hacía en mis días de operario de fábrica cuando sentía que las cosas no me salían: “¿Será esto todo lo que hay para alguien como yo?”

Nuevamente decidí que no, que había algo más y en esa convicción parcial decidí seguir, pero no como lo venía haciendo. Quería retomar los mismos conceptos que me habían ayudado a avanzar en el pasado, aunque los había olvidado.

También quería entender qué me había pasado en estos años donde nuevamente sentí que me estanqué y que la rueda del progreso dejó de girar a la velocidad que lo venía haciendo. Y por qué cambié tanto mi actitud, porque me notaba más pesimista, menos soñador y por ende, más realista. Llegué al siguiente diagnóstico:

En estos años de “haber llegado” fue que empecé a volverme más racional, dejé un poco de ser una persona soñadora y empecé a buscar en el mundo real los caminos para seguir avanzando olvidando lo que yo sentía que me había llevado hasta allí.

Y claro, quería ser visto como una persona inteligente, no como alguien crédulo e inocente y empecé a negar los conceptos que habían logrado tantos avances en mi vida, a dejarlos de lado. El “mundo real” me convenció y dejé de prestarle atención a mi propio mundo real, donde creo que las cosas suceden. Cosas que aquellos que viven atados a las reglas y leyes de sus “mundos reales” no logran.

Pero ser percibido como “alguien inteligente” me trajo un costo enorme. El de hipotecar mis progresos futuros, en pos de agradarle a algunos 4 de copas que no deberían haber influido en mi forma de pensar.

Si vos hoy te estás preguntando también “¿Esto es todo lo que la vida tiene para mí?” o, cómo lo hice mucho tiempo “Será realmente posible para alguien como yo eso que quiero hacer/ser/tener?”

Quizás esta reflexión te ayude.

Espero que así lo haga.

Cómo entendí uno de los conceptos que había aplicado en el pasado

Una gran amiga mía, psicóloga y apasionada en el area de felicidad y bienestar, me envió un artículo a poco de finalizar el año. Era un artículo publicado hacía ya varios años en el New York Times. El artículo lo firmaba un tal David DeSteno, un psicólogo social que escribió varios libros acerca del éxito emocional, un concepto que me pareció espectacular y que descubrí al leer este artículo.

Cuando lo leí entendí, casi de inmediato, que me estaba faltando una parte fundamental en la ecuación para poder avanzar, y que incluso ya la había utilizado en éstas etapas de mi vida en las que logré cambios fenomenales que parecían sólo un sueño muy lejano cuando me las planteé.

Pero antes de introducirte a este concepto, que de hecho es muy simple como todas las enseñanzas más potentes de la vida, dejame contarte un poco la tesis de David.

David empieza sus charlas hablando de un factor clave a la hora de tener éxito, que es bien conocido y que de hecho es el factor más relevante de todos:

Retrasar la gratificación.

A esta altura está ultra mega estudiado que el factor número 1 del que pende el éxito de una persona es exactamente ese.

Esto está respaldado por innumerables experimentos al respecto. De hecho hace unos años se hizo un experimento muy gracioso llamado la prueba del malvadisco que lo fue contundente.

Les dejo el video de esta charla TED donde hablan del experimento es cuestión para no extenderme de más. Es muy gracioso:

Esto tiene mucho sentido porque aquellos que logran centrarse en el mediano o largo plazo logran mucho mejores resultados que aquellos que se centran en el corto plazo.

Ejemplo: Me como este chocolate ahora y obtengo placer inmediato, o me embarco en una dieta en la que en 6 meses tendré una satisfacción mucho más grande que el placer de comer un chocolate al ver mi cuerpo nuevo. Es obvio que la segunda opción paga más y quién elige ésta opción obtiene muchos mejores resultados.

Entonces la receta es “simple”, si queremos lograr más en nuestras vidas debemos retrasar la gratificación.

Pero ¿Cómo hago para resistir la tentación?

Bueno, lo que hacemos la mayoría de nosotros es Recurrir a nuestra fuerza de voluntad.

Entendiendo que si me fuerzo a mi mismo a reprimir todos mis deseos y mis tentaciones de gratificación inmediata (comida chatarra, mirar redes sociales, mirar tv, mirar series, jugar juegos online, abrir whatsapp, etc.) voy a mejorar en todas las áreas que son importantes para mi.

Lo único que tengo que hacer es simplemente soportarlo por 365 días. ¿Fácil no? 😂

Eso es exactamente lo que yo hice. SPOILER: salió mal. Pero ojalá fuese sólo mi caso es el de casi todos lo que eligen este camino.

El gran problema de la fuerza de voluntad es que sólo unos pocos elegidos logran resistir. Los estudios muestran que sólo 1 de cada 6 personas logra evitar las tentaciones.

Pero para hacer peor el panorama, incluso aquellos que logran hacerlo lo hacen pagando un costo enorme. Logran evitar las tentaciones a costa de enormes niveles de estrés durante tiempos prolongados. Sabemos que una dosis prolongada de estrés es algo para lo que nuestro cuerpo como sistema no está preparado y nos puede llevar a tener problemas de salud en el futuro.

Sabemos también que la tentaciones de placer inmediato se disparan muy frecuentemente por las emociones que estamos acostumbrados a experimentar todos los días en la vorágine de nuestra sociedad. Ansiedad, enojo, frustración, depresión, entre otras nos hacen más propensos a buscar la gratificación instantánea. Podemos decir entonces que nuestras emociones, nos vuelven impacientes.

Pero ésta es sólo la mitad de la verdad. ¿Qué pasaría si te dijera que las emociones en realidad no son las responsables de que fracasemos en retrasar nuestro premio, sino más bien son la clave para tener éxito en la prueba del malvadisco?

Son cierto tipo de emociones las que nos sabotean pero por suerte tenemos otras emociones que nos hacen más empáticos, más felices, más altruistas, más caricativos, que nos hacen sentir mejor con nosotros y con otros.

¿Qué pasaría si en lugar de sentirte ansioso, frustrado, enojado sintieras gratitud, compasión, orgullo?

De hecho estas tres emociones son la clave para poder cambiar nuestras conductas, según David. Recordémoslas, quiero que te queden grabadas:

  • Gratitud.
  • Compasión.
  • Orgullo.

Según el trabajo de David todos aquellos que experimentan estas tres emociones a diario, logran el tan ansiado auto-control sin demasiado esfuerzo y por ende logran:

  • Retrasar la gratificación.
  • Tener éxito en cumplir sus objetivos.

Puta madre! Esto me pasó! A leer esto mi cabeza me llevó nuevamente a mis días como operario de fábrica en ese lugar a donde odiaba tener que levantarme todos los días para ir. Ese lugar que hacía de mis domingos a la noche un momento de una profunda nostalgia.

Recordé que en cierto momento decidí dejar de sentir emociones como la frustración de estar en un lugar al que sentía que no pertenecía. Me lo planteé como objetivo y empecé a desarrollar de forma consciente la gratitud por las cosas que tenía. Pronto empecé a sentirme mucho mejor en el día a día y empecé a hacer progresos significativos:

  • Empecé a estar de buen humor la mayoría del tiempo.
  • Rendí mis materias del colegio secundario.
  • Empecé la facultad siendo primera generación de mi familia.

Todo eso reforzó la sensación de gratitud y pronto:

  • Cambié de trabajo.
  • Y por ende empecé a viajar.
  • Me compré un auto.
  • Modifiqué mis hábitos de ejercicio y alimentación.
  • Por ende bajé de peso. De 103kg. hasta los 78Kg. REAL.

Miré hacia atrás y reconocí el patrón, entendí lo potente de lo que contaba David DeSteno en su artículo en el New York Times y lo mucho que me había beneficiado en el pasado. Había caído la primera ficha del dominó.

Un nuevo camino

Era muy claro para mi que al dejar de sentir gratitud por las cosas que tenía, me estaba alejando de la posibilidad de tomar las decisiones correctas en el día a día, los pasos de hormiga de los que hablábamos en el post anterior. Irónicamente me sentía menos agradecido desde el lugar en el cuál hacía varios años soñaba estar, que cuando estaba en un lugar que odiaba y eso saboteaba mis posibilidades a futuro, pero también al presente.

Esto me hizo muy difícil el poder tener la disciplina de pensar en el largo plazo, y por ende seguir mi camino hacia el progreso.

Estaba queriendo avanzar partiendo de emociones como la ansiedad, la depresión, el estrés, el desprecio por lo que tenía.

También recordé que en ese momento de mi vida había logrado conectar con algo muy fuerte que me llenaba de un orgullo tremendo: tener las agallas de avanzar a pesar de venir de un lugar de desventaja. Ser un pibe de barrio con sueños enormes, sueños mucho más grandes que los que tenían mis pares me hacían sentir alguien especial. Al dejar de permitirme soñar, y al empezar a vivir en el mundo real había también entregado esa parte de mi. Una muy importante.

¿No es un poco obvio que no se puede crear nada desde esas emociones? Ahora me resulta ultra-mega evidente, pero cuando se está en ese círculo vicioso no es tan claro.

Ahora quizás te preguntes como yo en su momento.

¿Cómo hago entonces para sentir más gratitud, más orgullo y más compasión?

A continuación te voy a dar algunas recomendaciones, recordá que no necesariamente esto es algo fácil pero creo que con la práctica todos podemos mejorar significativamente. Así que espero que te tomes muy en serio desarrollar este hábito y que así puedas sacar adelante tus metas de una vez por todas.

Ideas para sentir más gratitud en tu vida

Creo que la gratitud no se basa en tener más razones ser agradecido, sino que es una cuestión de foco, de empezar a notar las cosas que ya están presentes hoy.

Estas son algunas ideas que quizás te sirvan:

Tomar perspectiva

Como te conté antes, tuve el privilegio de poder progresar mucho a través de estos años y tengo la suerte de estar en un lugar en el que hace tiempo quería estar.

Entonces teniendo en cuenta esto me pregunté:

¿Por qué desprecio tanto algo que deseaba tanto hace tiempo?

Y también:

Si estoy donde soñaba estar y no logro disfrutarlo:

¿Qué me garantiza que cuando logre las nuevas cosas que quiero en mi vida éstas me hagan feliz?

Otra que puse sobre la mesa también fue:

¿Tengo derecho de quejarme y sentirme mal de estar en un lugar donde tanta gente quisiera estar? Por ejemplo, dónde a mis padres les hubiese encantado estar?

Pensalo puertas adentro:

¿Qué tenés en tu vida hoy que tenés el privilegio de tener y tus nuevas metas no te dejan disfrutar?

Anotá la pregunta en un cuaderno y escribí lo que te venga a la mente. Cuando la leas te vas a sentir mucho más agradecido.

Las preguntas son una forma espectacular de tomar perspectiva, sobre todo aquellas que nos ponen en evidencia. Pero no se pueden hacer en el aire, requieren de un proceso de reflexión, de tomarse un café y sentarnos a charlar con nosotros mismos.

Estar presente

¿Alguna vez le prestaste atención a la gente cuando caminás por la calle? Si te fijás bien te vas a dar cuenta de que no están realmente ahí. No, no están, fijate bien. Mientras caminan pareciera que sus cabezas proyectan una película, una película plagada de preocupaciones, anticipaciones de peores escenarios posibles, muchas de ellas poco probables, de cosas por hacer en el futuro. Es como si les saliera un globito de sus cabezas como en lo comics y fueran prestando más atención a lo que sucede ahí que a lo que está pasando a su alrededor por eso mientras van totalmente enagenados con esa película imaginaria se pierden lo que les pasa minuto a minuto. Bueno, eso que pasa minuto a minuto es su vida.

Nosotros somos iguales, comemos mirando el teléfono, charlamos con otras personas pensando en un turno con el médico, nos llevamos puestos durante todo el día algo que nos cayó mal por la mañana que repasamos mentalmente mientras miramos una serie.

Estar presente es lo que nos devuelve a experimentar la vida a cada segundo, aunque es difícil es algo que se puede practicar.

Existe un ejercicio muy fácil que se usa mucho para atraer la atención al momento presente: Respirar.

Cada vez que sientas que tu atención vuela hacia el futuro o hacía el pasado vas a concentrarte en tu respiración. Nos le vas a prestar atención a nada más que al aire que entra y sale de tu nariz. No me creés? Probalo ya, antes de seguir leyendo. Vas a ver cómo podés prestarle más atención a lo que vas a leer después.

Si querés ahondar más en este tema te recomiendo el libro “el poder del ahora” de Eckhart Tolle.

Tener un cuaderno

Según algunos especialistas tener el hábito de anotar en un cuaderno todos los días al despertar 10 cosas las cuáles agradeces, fomenta que tu cerebro se ponga alerta hacia más cosas en tu vida por las cuáles sentirte agradecido. Tener este hábito puede cambiar tu perspectiva completamente pero no solo con las cosas que rodean tu vida, sino también con las personas con las cuales nos relacionamos.

Meditación

La meditación es un arma tan, pero tan poderosa que puede cambiar por completo tu vida, no estoy exagerando. Si no me creés a mi buscá en google y vas a ver estudio tras estudio que apoya cada vez más esta práctica. Creo que es tan potente que se nos debería enseñar en la escuela cuando somos chicos.

Podría escribir 10 posts hablando de este tema pero para no seguirme extendiendo lo vamos a dejar para el próximo post porque es un tema más que interesante que merece ser abordado con profundidad y responsabilidad.

Estas son algunas ideas simples que podés aplicar hoy mismo para aumentar la emoción de gratitud en tu vida diaria.

Aumentar el orgullo

Orgullo no se trata del ego, se trata más bien de sentirte parte. Buscá una camiseta para ponerte.

Puede ser tu país: Soy Argentino y los Argentinos damos pelea.

Puede ser un valor: Pertenezco a aquellos que son honestos y solidarios.

Puede ser un lugar de pertenencia como es mi caso: Soy un pibe de un barrio popular que se animó a romper las limitaciones del contexto.

Compasión

La empatía creo que es el valor número uno de una sociedad, el que debemos desarrollar más a fondo. Si logramos frenar nuestro impulso de juzgar situaciones que no nos han tocado experimentar asumiendo que de todas formas podemos entenderlas, es cuando debemos dar un paso atrás y dejar abierta la pregunta: ¿Y si no es como yo creo? Detener el juicio rápido puede ser la puerta de entrada hacia la empatía.

Si logramos sentir más gratitud, más orgullo y más compasión en nuestras vidas vamos a lograr a través de esto:

Retrasar la gratificación

Que es la clave del éxito, porque nuestra ansiedad va a disminuir por ende el estrés y por consiguiente nuestra voracidad por la gratificación instantánea. Si querés bajar de peso vas a perder apetito. Si querés estudiar más vas a sentir menos deseos de mirar video tras video en YouTube.

Sentar las bases para algo mejor en el futuro

Tan importante como avanzar hacia un objetivo es saber desde dónde queremos crear algo nuevo. Si queremos crear por ejemplo mejores ingresos económicos va a ser muy difícil que lo hagamos desde un sentimiento de escasez, las ideas que tengamos siempre van a ser mejores al igual que nuestra toma de decisiones si partimos de una emoción positiva como por ejemplo la abundancia. Ser agradecido te permite usar las emociones positivas como trampolín para seguir creando cosas mejores en tu vida.

Estar más feliz

¿Quién no quiere ser feliz? Bueno, serlo puede ser casi instantáneo si abrimos los ojos y además tiene un doble efecto, en nosotros y en otros porque esto va a ser más que agradecido por las personas que nos rodean porque estar feliz nos pone en estados de solidaridad, de colaboración y de empatía con otros.

Como seres sociales necesitamos de otros y otros nos necesitan. Tener mejores relaciones en base a estas prácticas puede despertar en otras personas la misma empatía que sentimos por ellas y eso deriva en un círculo de relaciones más colaborativo.

Nuestros logros personales no son tales, casi siempre son logros colectivos que incluyen a esas personas que nos tendieron puentes y nos abrieron puertas en el camino.

Y eso es todo amigos, ser agradecido es una de las prácticas que especialmente decidí retomar para volver al camino del que una vez me alejé y que trajo tantas cosas buenas a mi vida. Quería compartir algunas de las cosas que he reflexionado al respecto.

Espero que te sumes a esta iniciativa porque creo que también te puede ayudar muchísimo en lo que sea que estés intentando hacer.

Por último quiero dejarte este enorme video, de vez en cuando lo miro para darme cuenta de lo mal agradecido que estoy siendo con todo lo que tengo.

El zapatero y el mendigo

 

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Basta de saltos al vacío! Mejor dar pasos de hormiga 🐜

Basta de saltos al vacío! Mejor dar pasos de hormiga 🐜

Existe una creencia popular que constantemente me encuentro cuando hablo con la gente, y es que para generar un cambio en sus vidas deben dar un paso enorme que implica mucho riesgo.

Eso asusta y muchas veces paraliza.

¿Te pasa a vos? Bueno, prestá atención porque te voy a demostrar por qué esto NO es así.

El ejemplo clásico de esto es aquel que quiere conseguir un mejor trabajo, pero teme renunciar al trabajo actual por el riesgo enorme de estar sin ingresos durante un periodo indeterminado que pueden ser meses o que pueden ser años.

Ante esta disyuntiva lo que termina pasando es que lo seguro vence a lo mejor, y el derivado natural que se desprende de eso es:

Quedarme dónde estoy, soñando con esa vida paralela que podría tener pero que lamentablemente no es para mí.

Y este modelo mental no tiene que ver sólo con el miedo en si, que es algo muy real, sino más bien con una forma propia de interpretar los procesos de cambio o lo incierto.

Dejame decirte algo:

Existen muchas situaciones en las que nuestras limitaciones pasan sólo en nuestras cabezas y esta es una de ellas.

Creemos falsamente que para cambiar algo en nuestras vidas debemos hacer un esfuerzo enorme plagado de dolor, de sufrimiento y de incertidumbre, que además de todo eso existe la enorme posibilidad de que salga mal.

Esta forma de ver las cosas por lo general son modelos heredados: de películas, de series, de charlas motivacionales.

¿Qué sería de Neo en Matrix si nunca se hubiese parado a pelear con los agentes?

Y puede ser que en muchos casos así lo sea, pero hoy vengo a ofrecerte otra forma de ver las cosas, otro marco para interpretar el camino que tenés por delante, sobre todo si hoy estás tratando de bajar un sueño, al mundo real:

Hablemos de los pasos de hormiga:

Los pasos de hormiga por lo general no salen en los videos motivacionales, no se escribe sobre ellos, nadie los menciona en notas en los medios, parecen invisibles, no son espectaculares, ni tienen ningún condimento épico que los componga.

Sino todo lo contrario:

  • Son mundanos.
  • Nadie los percibe como algo destacable.
  • Y muchas veces conllevan muy poco esfuerzo.

Ejemplos de esto:

  • Googlear algo.
  • Mirar un video para aprender sobre un tema.
  • Escribirle un mensaje privado a alguien a través de redes sociales.
  • Llamar a alguien.
  • Tomar un café con alguien contándole una idea.
  • Ir a una charla o a un taller.

¿Agarrás la idea no?

No son cosas demasiado complicadas, pero sin embargo… el efecto que pueden tener es increíble.

Pero algo es cierto, individualmente cada paso no tiene un gran efecto en el potencial de generar cambios. Pero entonces. ¿Dónde reside su fuerza?

Al igual que las hormigas su fuerza reside en el conjunto de ellos.

Muchos pasos de hormiga uno al lado del otro tienen una fuerza espectacular.

Fuente de la imagen: @72kilos https://twitter.com/72kilos

Pero aún más importante, los pasos de hormiga tienen interés compuesto.

¿Qué es el interés compuesto?

Veámoslo con un ejemplo:

Suponga que tengo una hoja de papel, que puedo doblarla a la mitad infinitas veces. Si, no se puede en el mundo real, pero imaginá que si pudieras hacerlo.

¿Es correcto si digo que cada vez que doblo la hoja a la mitad, esta hoja duplica su grosor verdad?

Ok, entonces te hago esta pregunta:

¿Cuántas veces debería doblar la hoja para llegar hasta la luna?

Pista: la distancia entre la tierra y la luna es de 384,400 km.

…………………………

Bueno la respuesta es: 42 veces.

Si, si pudieses doblar infinitamente esta hoja necesitarías doblar sólo 42 veces la hoja para llegar a la luna.

¿Y en el doblez número 41 de cuánto creés que es el grosor?

…………………………….

Bueno, de la mitad de la distancia entre la tierra y la luna. Unos 192,000 km.

Cuando doblamos por vez número 42, duplicamos el grosor de la hoja, y llegamos a la luna.

Este es un simple ejemplo para entender cómo funciona el interés compuesto.

Entonces si decimos que los pequeños pasos de hormiga tienen interés compuesto, entonces si volvemos a nuestro gráfico de bloques deberíamos imaginar que en realidad el último bloque es muchísimo más grande que los primeros bloques en tamaño.

Fuente de la imagen: @72kilos https://twitter.com/72kilos

Otra característica de los pasos de hormiga es que en el momento no se sienten como algo que está cambiando nuestro futuro por completo, es solo desde el punto de llegada que podemos mirar hacia atrás y decir:

“Lo que me cambió la vida fue esa frase que me dijo esa persona en un café, y que anoté en mi cuaderno. Eso lo cambió todo” por poner un ejemplo.

Pero en el momento no nos dimos cuenta del efecto domino que estábamos desencadenando.

Es sólo desde el final que podemos mirar hacia atrás y, como dijo Steve Jobs en su famosa charla: podemos conectar los puntos.

Una última cosa que me gustaría que te lleves es que, al igual que las hormigas, nos potenciamos cuando trabajamos en equipo. Entonces es muy importante que tengas un grupo de pertenencia que apunte al mismo lugar que vos.

Pero ese va a ser tema de otro video.

Así que quiero que desde hoy empieces a ver todo el camino por delante con esta nueva perspectiva. Ver cada pequeña acción como una potencial transformadora de mi realidad a futuro y sobre todo no desmerecerlas por su simpleza.

Así que si tenés una meta gigante por delante, una muy buena idea podría ser empezar descomponerla en pasos lo más chiquitos posibles e ir haciendo algo que todos los días te acerque un poco más.

Creo que una gran forma de empezar tus días es preguntarte:

¿Qué puedo hacer hoy para estar un poco más cerca de eso que estoy buscando?

Para cerrar te dejo esta gran frase.

……….

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¿Cómo se siente cumplir un sueño imposible?

¿Cómo se siente cumplir un sueño imposible?

Hace ya muchos años (tenía 19, hoy 34), me encontraba en una fila en aeroparque junto con otros 60 jóvenes más en la búsqueda de un puesto laboral.

Atrás había quedado la escuela secundaria, y las muchas materias que tenía adeudadas.

A pesar de ser muy jóven sabía que tenía que encontrar un trabajo, así como lo habían hecho mis padres desde una realidad más dura, la realidad del barrio, del que tiene que salir desde muy joven a trabajar porque había que ayudar en casa.

Entonces me tomé el tren Mitre en José León Suarez, bajé en la estación Tres de Febrero y ahí estaba yo: parado en esa fila con el ruido de los aviones de fondo.

A mi esos ruidos me remontaban a los días en que escuché por primera vez un avión de cerca. Un momento mágico donde me maravillé de ver esos pájaros de metal gigantes.

Claro, yo nunca me había subido a un avión. Es más, no conocía a nadie que se hubiese subido a uno alguna vez con excepción, claro, de los empleadores de mi madre que viajaban a USA con frecuencia. Eran de una familia de clase alta para la que mi mamá trabajaba como doméstica.

Así que fue mi turno de presentarme ante el seleccionador y, en la primera entrevista me fue mal, pero me explicaron de qué era el puesto. En la segunda entrevista me fue bien y quedé seleccionado.

¡Había conseguido mi primer trabajo en relación de dependencia!

El nombre del puesto era vigilador y nuestras funciones iban a ser:

  • Controlar a todo el personal que entrara y saliera de los aviones, una vez que este hubiera llegado a destino. El control era una planilla dónde relevábamos con fechas y nombres a todo el personal que interviniera en los aviones después del descenso de los pasajeros (limpieza, catering, técnicos, etc.).
  • Una vez que el avión quedaba “estacionado” nuestro trabajo era hacer guardia, es decir, quedarse al lado de los aviones mientras estaba “estacionado”, que podían ser horas.
No encontré ninguna foto de esa época pero más o menos era así el uniforme que usábamos

De las peores experiencias que viví

Estuve dos meses solamente en ese trabajo, fue la peor experiencia laboral de mi vida.

La empresa era tercerizada por lo que ya nos habían adelantado que ante cualquier problema con otras áreas de la empresa, los despedidos íbamos a ser nosotros y obviamente, a ninguna de las otras áreas en la empresa le gustaba ser controlados. Por ende, no nos querían. Otros nos odiaban.

  • El sueldo era el mínimo.
  • Trabajaba 12 hs.
  • Tenía 1:30hs de viaje de ida y 1:30hs. de vuelta
  • Tenía franco 5×1 por lo que me pasaba casi todos los fines de semana trabajando.

Y, así estábamos vestidos con las bajas temperaturas que hay por la mañana frente al río en aeroparque porque la empresa no nos daba camperas a todo el personal.

Recuerden que una de nuestras funciones era la de permanecer al lado del avión todo el tiempo que este estuviera parado. Muchas veces eran guardias de calor extremo o de un frío muy crudo.

Hoy me imagino a un chico de esa edad tiritando de frío en una pista como esa y se me pone la piel de gallina.

Pero el recuerdo más doloroso que tengo de esa experiencia es que lloré tres veces en el trabajo en esos dos meses.

Una de ellas porque un mecánico de una aerolínea que no voy a nombrar, me amenazó de “te voy a cagar a trompadas” porque no le gustó que le pida sus datos.

Esos dos meses para mí, fueron dos años.

Hablando con otras personas que trabajaron conmigo en esa época me di cuenta de que no fue una experiencia tan mala para ellos, por eso sólo puedo hablar de mi propia experiencia.

Pero hay algo en lo que coincidíamos todos:
Era un trabajo de mierda, negrero e inhumano del que queríamos irnos cuanto antes.

Pero estando allí me pasó algo más.

Veía esto todos los días:

Recuerdo que me paraba a mirar a esas personas caminando por el hall, sonriendo, viviendo eso con total normalidad, personas que viajaban por trabajo (se notaba), familias, parejas, amigos.

Pero lo que más me impactaba era la normalidad con la que lo vivían. Me resultaba increíble.

Y cuando esas personas se subían a esos aviones, con esa expresión de felicidad que tienen las personas que viajan, yo era siempre el que se quedaba del lado de abajo de la escalera viéndolos emprender el vuelo.

Y yo deseaba tanto poder hacerlo algún día así como ellos…

Finalmente dejé ese trabajo para ir a trabajar a una fábrica como operario y abandoné mi sueño viajero.

El tiempo (varios años) pasó, y apareció Facebook. A esa altura yo hacía unos 5 meses que estaba trabajando en una nueva fábrica, también como operario.

Recuerdo que en Facebook encontré a un ex compañero de 7mo. grado de una escuela privada a donde fuimos junto con mi hermano porque mi mamá nos consiguió una beca.

Este ex-compañero mío compartió una foto de un viaje a Cancún junto con su familia. Era una foto desde el balcón de su habitación en un hotel frente al mar.

Era más o menos así:

Recuerdo que al ver esa imagen, me maravilló tanto que no me la podía sacar de la cabeza.

Mientras estaba sentado en mi puesto con mi guardapolvo azul, corriendo para llegar al número de la producción, no paraba de pensar en esa foto.

Qué lindo sería poder hacerlo alguna vez!

Pero no tenía idea de cómo. Seguía sin haberme subido a un avión alguna vez y sin conocer a nadie que lo hubiese hecho.

Tenía 24 años y aún no tenía mi título secundario, y no tenía ninguna perspectiva de crecimiento más que apostar a quedar efectivo en esa fábrica porque estaba trabajando por agencia.

Pero sabía que si lograba quedar efectivo, tampoco me iba a alcanzar para poder hacer algo como eso.

Ese fue uno de los momentos bisagra, donde pensé:
“Tengo que hacer algo para poder progresar”.

Pero no tenía idea de qué, ni cómo.

Lo bueno es que en ningún momento me generó algún sentimiento de envidia el ver a otros disfrutar de cosas a las que yo no tenía acceso y también quería.

Sino que más bien me generó esta sensación de:
“Qué hermoso que es eso! Podré alguna vez yo llegar a un lugar así?”

Hasta que un día recuerdo que me levanté (un poco tarde), desayuné algo (no recuerdo qué), me levanté de la silla, caminé por una pasarella, subí unas escaleras, apunté mi cámara y saqué esta foto:

Vista desde uno de los balcones del hotel all-inclusive donde me hospedé en Cancún

Y fue una de las varias veces que experimenté un imposible en carne propia.

Un sensación increíble, como si lo que uno está experimentando en ese momento fuese inverosímil, como si algo se hubiese complotado para ponerte en ese exacto lugar en primera persona. Y Cancún tiene ese turquesa en sus aguas que me dejaban horas contemplándolas.

“Mamá, mirá dónde estoy!”

No fue mi primer viaje en avión, después les contaré de mi primer viaje en uno, otra gran experiencia.

Pero en este destino sentí que llegué mucho más lejos de lo que hubiese imaginado alguna vez. Me estaba pasando a mi, el mismo que hacía varios años se preguntaba si existía la remota posibilidad de poder hacerlo alguna vez.

Y no solo eso, los viajes en avión se volvieron algo que ya no me era tan lejano. Me llevaron a conocer muchos de esos destinos que veía en las pantallas de Aeroparque, los que quería conocer, los que otros disfrutaban mientras yo no podía y de nuevo era increíble.

Viajar fue una de esas metas no idealizadas, dónde las experiencias muchas veces son mejores de la que uno las imagina cuando empieza a soñar con ese destino que tan lindo se ve por fotos.

Cataratas del Iguazú lado Brasil
Mendoza
Valle de Uco, Mendoza
Playa Ipanema, Rio de Janeiro
Mirador en circuito chico, Bariloche.

Y en el año 2017 cumplí el sueño que tenía cada vez que viajaba a algún lugar:

Que mi familia pudiera estar ahí conmigo para disfrutarlo.

Salvo mi mujer y yo, de los 7 que fuimos todos viajaban por primera vez en avión.

Ahí entendí que los viajes no se tratan sólo de los lugares sino también de las personas que nos acompañan.

Creo que está de más decir cómo la pasamos.

Y mi mamá que trabajo muchos años de doméstica, a sus 52 años pudo conocer el Cristo Redentor. Son esos momentos que nunca pensaste vivir, otro imposible que se hace realidad.

En esta foto subimos abrazados las escaleras mecánicas, uno de los momentos que más recuerdo. Mamá con lágrimas en los ojos subiendo al Cristo.

Si para mi viajar la primera vez fue una experiencia increíble, no me quiero imaginar lo que habrá sentido ella.

Momento capturado de casualidad gracias a una selfie.

Hoy cada vez que me toca viajar. Me quedo mirando a esos pibes que trabajan ahí dónde yo trabajé hace ya varios años.

Me pregunto si me miran de la misma forma en que yo miraba a esa gente deambulando por el Aeroparque.

A veces siento ganas de pararlos, invitarlos a tomar un café y contarles esta historia, para que vean que somos iguales.

Quizás esta sea mi forma de llegar a ellos de una forma no invasiva, para que puedas decidir ellos mismos cuándo y cómo empezar sus caminos. Pero también de llegar a tantos otros ahí afuera que necesitan escuchar estos relatos.

Me gustaría que esta historia sea el puntapié para que dentro de algunos años alguna persona que la lea decida empezar a considerar eso tan lejano como una posibilidad real y así, con el tiempo, experimente su propio imposible. Así como lo fue para mi una simple foto que un ex-compañero colgó en una red social.

No tenemos noción de la catarata de eventos que podemos generar en otros con actos tan simples y creo que es eso lo que nos hace a todos y cada uno, potenciales transformadores de las vidas de aquellos con quienes nos relacionamos en algún momento sin importar el medio que sea.

Finalmente quiero decir GRACIAS a aquellos que viajan, gracias por compartir las fotos de esos lugares que visitan.

Siempre me pone muy feliz ver a la gente disfrutar de los viajes. En su momento me generó este enorme deseo de poder hacerlo también. Así que le agradezco a mi ex-compañero (si es que lee esto alguna vez, gracias Esteban) y a los pasajeros del Aeroparque Jorge Newbery de Buenos Aires.

Y recuerden que:

Los imposibles no tienen un valor absoluto, tienen un valor relativo. Relativo al contexto.

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Si tuviste una experiencia parecida a la mía por favor me encantaría leerla en los comentarios para que otras personas también puedan inspirarse.

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Esta historia fue originalmente escrita en mi cuenta de Twitter en febrero del 2018

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