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El trabajo no dignifica

Yo tenía 18 años y necesitaba trabajar y como no tenía aún mi título secundario no había muchos trabajos a los que pudiese postular. Pero un día una amiga de mi mamá le comenta que en el Aeroparque Jorge Newberry en Buenos Aires, estaban tomando jóvenes y muy importante: No pedían el título secundario.

Eran tantas las ganas que tenía de trabajar que a pesar de ni siquiera saber de qué era el trabajo allá fuí, a hacer esa cola enorme de unos 60 pibes hasta que llegó mi turno. Como era mi primera entrevista formal estaba muy nervioso y creo que por eso me rebotaron.

Pero un amigo que fue conmigo y que sí había quedado, me sugirió volver a hacer la entrevista. “Andá de nuevo, entró cada uno…” Me dijo. En mi segunda entrevista me fue bien. “Empezás el lunes” me dijo el entrevistador.

Así fue como entré a trabajar al Aeroparque, sin saber que pronto iba a experimentar el peor trabajo de mi vida. Pero no nos adelantemos…

Mi función en ese trabajo iba a ser la de “controlar” a las otras áreas de la compañía y luego de finalizar esas tareas, nos tocaba vigilar los aviones.

Lo primero era sencillo (o eso pensaba), tenía una planilla con nombre, apellido, horarios de entrada y salida, y nombre de la empresa que actuaba sobre los aviones. Nos teníamos que acercar a las personas que estaban trabajando en el avión y amablemente solicitarles esos datos. Catering, limpieza, mecánicos, maleteros, eran algunas de las áreas que nos tocaba registrar.

Luego de que esos sectores trabajaran en los aviones, éstos quedaban esperando la próxima partida. Esa espera podía ser de horas, y yo tenía que quedarme paradito del lado de afuera del avión hasta que empezara el próximo viaje.

Mi alegría por estar cerca de los aviones y por primera vez en mi vida conocer uno por dentro me duró poco porque pronto empecé a experimentar cómo se desenvolvía ese trabajo en el día a día.

Cuando pensé en buscar un trabajo pensé básicamente en dos cosas:

1. Tener ingresos para poder solventar mis gastos de joven sin tener que acudir a mi mamá.

2. Trabajar en un lugar donde pudiese estar medianamente tranquilo.

Y pensé que era eso lo que iba a obtener de ese trabajo pero mis expectativas cayeron en picada cuando pude ver cómo eran las cosas realmente. Iba a aprender lo que significaba ir a trabajar con todo lo que eso representa.

Trabajaba 12 hs. por día y tenía 1:30hs. de viaje de ida, es decir, 3:00hs. de viaje en total. Eso apenas me dejaba tiempo para llegar a mi casa, bañarme, comer y dormir para arrancar al otro día bien temprano. No tenía vida.

Teníamos un régimen de francos de 5×1: 5 días de trabajo x 1 de franco. Entonces trabajaba casi todos los fines de semana.

Y para colmo de todo, el sueldo era el mínimo. Pero eso me lo bancaba, hasta ahí estaba bien con eso, mis pretensiones no eran muy altas. Lo que no me iba a bancar iba a ser todo lo demás. Dejame que te cuente un poco de eso:

La empresa que nos contrató era una tercerizada, así que eso nos ponía en una situación de desventaja con respecto a las otras áreas de la compañía que nos tocaba “controlar” y que pertenecían directamente a la empresa con sus respectivos gremios. No les gustaba nada que chicos de 20 años les pregunten apellido y horarios. Eso nos exponía a muchas situaciones de conflictos con estas personas, que les importaba un bledo estar lidiando con chicos de 20 años con miedo de que los echen, y así nos trataban.

Recuerdo varios episodios con los maleteros donde nos ignoraban o nos decían nombres falsos, mientras se reían de nosotros. Me la hicieron pasar pésimo, sobre todo los primeros días.

Pero el peor evento ocurrió un día donde me tocó cruzarme a un mecánico de los aviones. Ya nos habían advertido que eran muy agresivos, y que no entráramos en conflicto con ellos porque por gremio y antigüedad nos iban a despedir a nosotros sin pensarlo dos veces. Ese día me tocó ver a uno de ellos, un tipo de unos 50 años que estaba trabajando en la cabina. Así que fui a hacer mi trabajo como me enseñaron. ¡Qué inocente fuí por dios! El tipo no sólo me insultó adelante de todos sino que amenazó con cagarme a trompadas.

En ese momento fueron tantos los nervios que lo único que atiné a hacer fue ponerme a llorar como un niño. Todavía recuerdo el temblor de mis manos intentando anotar en mi planilla: “No aporta datos”. Esto nunca se lo conté a mis compañeros porque en ese momento no quería que me dijeran que era un maricón. Si, eso nos dicen desde chicos. ¡Tenía 18 años!

Una mañana estaba parado al lado de unos de los aviones que me tocaba custodiar en la pista y todavía recuerdo el frío que sentía estando parado ahí. El Aeroparque está ubicado frente al Rio de la Plata donde por la mañana hace un frío polar. Y yo estaba ahí con un sweater finito porque la compañía ahorraba en costos, y uno de esos costos eran las camperas, a mí no me tocó la suerte de que me den una.

Por primera vez en mi vida me sentí nadie, como si no valiera nada, como si a nadie le importara y entendí rápidamente un poco de lo que habrán experimentado mis padres que trabajaron de lo que sea por muchos años para darnos un futuro a mi y a mis hermanos.

Las siguientes semanas me puse muy reflexivo acerca de mi situación y observé mucho más a mi alrededor. Me di cuenta de que muchas personas que trabajaban ahí necesitaban llevar el mango a la casa si o sí, no les quedaba otra y por eso seguían soportando los maltratos y el destrato. Y entendí que ese no era mi caso, yo todavía era joven, yo sí tenía opción así que decidí que no valía la pena seguir un día más en ese lugar. Ahí fue que empecé a buscar otra cosa.

Por medio de otro contacto me llegó la oportunidad de postular para otro trabajo. Era un puesto como operario en una fábrica en San Martín. Tenía un turno de trabajo fijo de lunes a viernes, de 10hs. diarias, a 20 minutos en colectivo de mi casa. ¡Para colmo pagaban más! ¡Me había sacado la lotería! Así que dejé atrás ese triste episodio en el Aeroparque y cambié de trabajo.

En ese momento no lo sabía pero había avanzado un casillero en mi proceso de dignificación con respecto al trabajo anterior y creí que estaba en la gloria. Pero con el tiempo empecé a observar otras cosas que hasta ese momento no había visto. Empecé a entender de a poco que en esto de dignificarse existen muchas etapas posteriores además de la que estaba en ese momento. En ese momento pensaba que ya había accedido al trabajo digno y en muchos sentidos si lo era pero todavía no había llegado al final del recorrido. El camino recién estaba empezando para mí pero esa será historia para otro día.

Muchas veces leo o escucho a las personas decir que el trabajo dignifica y si bien algo de eso hay al final del día no puedo estar de acuerdo con esa afirmación, porque creo que es una narrativa que busca poner a los trabajadores en una posición de desventaja frente a muchos empleadores explotadores.

Como si les dijésemos a las personas que mientras las explotamos, en realidad los estamos beneficiando. Una narrativa que claramente beneficia a una sola de las partes.

Pero tampoco es que no creo que no haya algo de dignidad en el hecho de tener un trabajo honesto. Sino que creo que hace falta algo más para considerar que un trabajo dignifique. Porque yo las horas en las que estaba cagándome de frío en la pista de Aeroparque me sentía cualquier cosa, menos digno.

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Hoy tengo otro trabajo y tengo otras proyecciones de carrera y de futuro abismalmente distintas a la que tenía en esos tiempos, también será para otra historia pero mirando hacia atrás y sobre todo mirando a las personas que me rodean yo entendí que el hecho de ser o no ser digno, por supuesto que tiene que ver con la remuneración, con el tipo de trabajo, y con el hecho de tener un trabajo en sí pero mucho más importante que tener un trabajo, es tener un trabajo dónde te tratan como una persona.

No te voy a contar nada nuevo si te digo que existen miles de espacios de trabajo con culturas deshumanizantes donde la mirada que se tiene con respecto al otro que está en una situación de vulnerabilidad con respecto a las personas que las lideran es fría, lejana y hasta cruel.

Te toca a vos…

Yo se que ese no es tu caso, sino no estarías leyendo esto pero de todas formas creo que es muy importante entender este tema porque hay enormes probabilidades de que muchas de las personas que se suman a nuestros equipos de trabajo vengan de años expuestas a ese tipo de entornos, y que ese recorrido haya dejado marcas.

Así que te dejo algunas ideas que quizás te sirvan, creo que podemos sanar las heridas del pasado con algunas herramientas simples. Yo se que a vos te interesa hacer las cosas bien, así que te dejo algunas ideas.

Gestos

Una de las cosas por las cuáles uno empieza a percibir que está en un entorno dignificante son los pequeños gestos, desde traer un vaso de agua, hasta agacharse a levantar algo del piso, o lo que sea. Los gestos son clave, a veces pasan desapercibidos para nosotros pero para quienes los reciben les puede cambiar el día. Recuerdo de estar en trabajos donde alguien tenía un gesto conmigo y yo estaba semanas hasta naturalizarlo porque en mi cabeza seguro venía con malas intenciones detrás, todo producto de mis anteriores espacios de trabajo.

Humildad

A pesar de que seamos el o la gerente general de una multinacional y ganemos USD 10.000 por mes, eso nos hace más que el tipo que barre la vereda. Y esto no es hipocresía, yo verdaderamente creo que nadie es más que nadie. Simplemente vivimos en un sistema que nos ubica a cada uno de nosotros en lugares distintos. Y cuando una persona logra abrazar el valor de la humildad y se encuentra en una posición de liderazgo eso desprende otro valor que es la grandeza. Personalmente siento, creo y veo que las personas que abrazan este valor de humildad se vinculan distinto con los demás.

No niegues la desigualdad

Hablar de igual a igual no significa negar las relaciones desiguales. No lo hagas porque suena falso. Las personas que toman trabajos menos pagos, o más difíciles no lo hacen porque los eligen, probablemente si pudiesen elegir elegirían otra cosa. Ellos aceptaron esa situación y buscan estar lo más tranquilos que puedan. Pero eso no significa que no sepan en qué lugar de la balanza están. No intentemos fingir que eso no existe, porque va a construir lejanía.

Ser humano

Creo que muchas personas eligen la frialdad y la lejanía porque no quieren que se contaminen las relaciones verticales con excesos de confianza. Pero creo que hay formas de mantener esa verticalidad propia de los equipos de trabajo y de las dinámicas de las empresas y la vez abrazar este sentido de la humanidad. Por supuesto que no es algo fácil pero creo que se puede construir con el tiempo.

Y eso es todo por esta vez, espero que hayas disfrutado esta lectura, que te haya servido y por favor si te gustó apóyame dejándome un comentario o compartiendo este artículo en tu feed. Mi objetivo es que más personas que conozcan, y que las que me conocen me conozcan aún más, de esta forma, agregando valor.

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