Transcripción

Durante varios años me sentí mal con lo que hacía, con el rumbo que estaba tomando mi vida.

Como conté en el video acerca de como encontré mi propósito.
Sentía que tenía que hacer algo con esto que se me fue dado.

Yo lo veía así:

  • Tenía que llegar a un lugar X, y ese lugar X tenía que ser algo imposible de pensar para las personas que vienen del lugar desde donde yo vengo. Para cualquiera de mis intereses, en el momento en que decidiera tomarlos como una carrera seria tenía que llegar muy lejos. Así iba a ser exitoso.
    Ya fuese:
  • En el dibujo, tenía que ser uno de los mejores artistas que comparten su trabajo online.
  • Emprendimientos, tenía que armar un proyecto que tenga el potencial de impactar a miles de personas y crecer rompiendo las barreras geográficas.
  • Comunicador, tenía que recorrer el mundo dando charlas y construirme una audiencia de miles de personas. Hacer algo grande.

Así iba a ser exitoso, y una vez que alcanzara ese éxito, iba a poder sentirme realizado y también habilitarme a compartir mi experiencia con otros.

Cuando pienso en compartir siempre pienso en, de alguna forma, poder ayudar a otros que vienen intentándolo. Poder ayudar a personas como vos, los que están en el punto de partida y quizás les falte mucho, o no, para llegar al lugar a donde quieren llegar.

Pero hace poquito me empecé a cuestionar esta forma de ver las cosas.

Porque me empecé a preguntar:

¿Compartir el camino al éxito con el diario del lunes es la mejor forma de ayudar a otros?

¿Necesitaba esperar a lograr algo para sentirme valioso y de esa forma poder compartir?

¿Es el éxito que nos vende la sociedad moderna un certificado habilitante para poder hablar de cuestiones que suelen ser tan complejas?

¿Es esta la mejor forma de compartir si tengo en cuenta que lo que vos estás enfrentando hoy no tiene absolutamente nada que ver con todo eso?

Porque vos no tenés el éxito asegurado.
Vos tenés miedos, incertidumbre, y un montón de decisiones que podrías tomar pero que no sabes cuál es la mejor ni por donde te van a llevar.
Vos que te estás peleando con la voz en tu cabeza, y a la vez con las voces que te rodean.

¿Cómo estamos seguros de que esos consejos para tener éxito en realidad funcionan y no son simplemente una hipótesis que quizás esté equivocada?

Todas estas cosas me empezaron a hacer ruido. Mucho ruido.

Empecé a cambiar mi visión acerca del éxito cuando observé qué era lo que me inspiraba y me movilizaba acerca de las personas que tuve la suerte de ir conociendo.

Y me di cuenta de que “llegar” no era lo que más me inspiraba, lo hacía, pero lo que más me inspiraba era ese momento en el que las personas decidieron avanzar por un camino que a priori tenía todas las probabilidades en contra, donde no había ninguna señal de que fuera por ese lado, al contrario, todas las puertas estaban cerradas. No era la decisión lógica.

Sobre todo me inspiraban las historias de aquellos que la estaban peleando de abajo, porque me veían reflejado en ellos.

Porque yo estoy en esa misma situación, por delante tengo un montón de posibles decisiones de las cuales no estoy seguro cuál es la correcta. Sin embargo también lo elijo a pesar de los miedos que me genera.

Estoy seguro que eso mismo te pasa a vos, ahora mismo. Vos también estás en una búsqueda o tenés miedo o estás perdido o no sabes bien qué hacer.

Yo entendí que hay un valor enorme en decidir seguir tu propio camino cuando no tenés el resultado asegurado. Eso es lo que más me inspira.

Además si seguimos pensando que tenemos que llegar a algo para sentirnos valiosos y para habilitarnos a compartir con otros, en realidad ignoramos que a veces ese “llegar” implica cosas que están fuera de nuestro control.

Cuestiones como los distintos tiempos de las personas, los fracasos y el azar, que juegan un gran rol en el éxito o el fracaso de las personas, aunque muchas veces no lo queramos aceptar.

Hay dos personas que hicieron exactamente lo mismo, quizás incluso más y por cuestiones meramente de azar por ejemplo, una lo logra y la otra no, a pesar de que ambas hicieron el mismo esfuerzo.

Si es el éxito lo que le da valor a lo que hacés y si ese éxito muchas veces está fuera de nuestro control.

Si todo el trabajo que hacés todos los días no vale nada, hasta que logres llegar a alguna parte.

Y si por algún motivo no alcanzas tu objetivo, no llegás a ser un caso de éxito. ¿Qué pasa con el esfuerzo, las ganas, la pasión, la persistencia? ¿Pasa a valer cero?

Eso no tiene ningún sentido para mí.

Creo que es hora de cambiar nuestra concepción de lo que significa ser exitoso. Ese concepto que nos dice que no valemos nada hasta que logremos alcanzar cierto estándar socialmente aceptado.

No tiene ningún sentido, creer que no valemos nada por nuestro esfuerzo diario. Sentirnos nadie porque todavía no somos exitosos. Cuando en realidad es al revés, el verdadero valor está ahí, en apostar por un sueño todos los días sin tener certezas de que eso vaya a pagar en el futuro.

Entendí que el éxito no es un lugar a donde llegaste sino una decisión que tomas todos los días.

Así decidí cambiar mi concepto de éxito.

Y cuando lo cambié, todo mi día a día cambió. Porque dejé de verme a mi mismo como alguien incompleto, y empecé a admirarme a mi mismo, a sentirme exitoso.

Y ese cambio de visión me fue llenando de confianza, porque cada fracaso que fue llegando no me desanimaba sino que reafirmaba esa confianza cuando veía en mi mismo como a pesar de los contratiempos, de los fracasos de las equivocaciones, de sentirme un estúpido o un ridículo, aún así seguía persistiendo en mis sueños.

¿Acaso eso no es ser exitoso?

Ese cambio de concepto también hizo que pudiese compartir con otros, no desde el exitoso que imparte sus 10 pasos imbatibles para alcanzar el éxito, sino desde el lugar de un par.

“Yo estoy en la misma que vos. Y estoy haciendo esto, esto y esto. No se si va a funcionar pero lo estoy intentando y no tengo intenciones de abandonar este camino porque que es algo que realmente quiero”.

Pero el mayor cambio creo que fue, empezar a entender como un éxito en sí mismo, a habilitarme a bajar mis sueños más fantasiosos de la pared y empezar a trabajar para conseguirlos en el mundo real.

Porque sigo deseando llegar a cada uno de esos lugares, pero ya no siento que necesito llegar para poder sentirme exitoso. Me siento exitoso porque fui capaz de permitirme querer las cosas que realmente quiero, y porque decidí perseguirlas y persistir a pesar de que en los últimos años solo encontré fracasos.

El éxito es nunca soltar tus sueños, sin importar lo que pase. No dejes que te convenzan de otra cosa.

Se me ocurrió escribir este post después de escribir este Tweet:

Todos los domingos envío un correo donde comparto qué hago cada semana para perseguir mis sueños, con el diario del viernes, es decir hoy. Cuando no tengo certezas de que esos sueños fantasiosos puedan suceder algún día.

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Categories: Historias

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